MARTES 23

He aquí que yo envío a mi mensajero (v. 1)

Lectura de la profecía de Malaquías (3, 1-4. 23-24)

Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. Él preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos.

¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.

He aquí que yo les enviaré al profeta Elías,
antes de que llegue el día del Señor,
día grande y terrible.
Él reconciliará a los padres con los hijos
y a los hijos con los padres,
para que no tenga yo que venir a destruir la tierra”.

Palabra de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 57-66)

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos, y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

Hoy Lucas nos habla de la circuncisión de Juan, rito que acompaña la asignación del nombre que llevará el niño, que, normalmente, sería el del progenitor, o el de algún pariente. Pero aquí sucede algo inusual e inaudito: primero, el nombre fue indicado por el ángel a Zacarías, en segundo lugar, quien lo asigna con toda autoridad, contra la tradición que reserva este privilegio al varón, es Isabel y, tercero, Zacarías simplemente lo confirma (cf. Lc 1,60-63).

La escena representa un panorama que genera suspicacias, dudas y asombro, pues todo indicaba que sobre Juan realmente estaba la mano de Dios (cf. Lc 1,66); un niño en cuyo nombre asoma la misión de abrir caminos y preparar la llegada del Reino.

Las palabras del profeta Malaquías no solo prefiguran al Bautista, pues en todo mensaje profético subyace una fuerza que configura y redimensiona nuestra vocación como bautizados e hijos de Dios.

El Adviento nos recuerda que también nosotros somos enviados a preparar los caminos delante del Señor; ser como fuego de fundición que refina y transforma (cf. Mal 3,3).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.