MARTES 23

Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen (v. 27)

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,22-30)

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

Palabra del Señor.

Si realmente escuchamos la voz del Señor y lo seguimos, confiando que él nos conoce y nos reúne en torno suyo en la fiesta de la vida eterna (vv. 27-28), entonces no hay ninguna duda como para vivir en suspenso ni motivos para no creer que es el Mesías.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.