MARTES 22

STA. MARÍA MAGDALENA

¿Por qué estás llorando, mujer?
(v. 13)

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto».

María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?» Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?» Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!» Ella se volvió y exclamó: «¡Rabbuní!», que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ «.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

Palabra del Señor.

Cuando la esperanza se pierde y no vemos más allá de la muerte, todo sucumbe en el sin sentido y el vacío.

Hoy nos enfrentaos a realidades que nos atrapan en un llanto eterno: los hijos que han desaparecido, un ser querido que no volverá, una enfermedad que consume implacable… Del modo que sea, es la muerte, inevitable, que trunca ilusiones, sueños, porvenir.

La resurrección del Señor es, también, un acto de rebeldía, porque se sobrepone a la muerte definitiva y la vence; resurrección que nos impulsa a dejar de llorar para mirar con claridad y encontrar, también nosotros, el modo de rebelarnos a tanta muerte, vencerla, e inundar todo con la fuerza de la vida y el gozo de la esperanza.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.