STA. TERESA DEL NIÑO JESÚS, Virgen y doctora de la Iglesia
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 51-56)
Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: «Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?»
Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.
Palabra del Señor.
En Santiago y Juan se reflejan nuestras actitudes reaccionarias de altanería, autosuficiencia y prepotencia, sobre todo, cuando malentendemos, o violentamos, la relación con el Señor, asumiéndola como un privilegio, o un poder adquirido sobre los demás.
A veces, desearíamos quitar de en medio a los que nos contradicen, o arrasar con nuestros oponentes; desaparecer las adversidades y las dificultades, más que enfrentarlas. También nosotros, como los discípulos, quisiéramos hacer bajar fuego del cielo para acabar con todo… en nombre de Dios (cf. v. 54).
Tomamos el camino equivocado, el de la violencia, y la ira nos ciega, no hace insensibles. La obstinación y la rabia nos sacan de la realidad y olvidamos a los que necesitan de nuestra cordura, para acompañarlos en momentos difíciles y definitivos.
Así como Jesús necesitaba de los suyos, de su compañía, de su comprensión; de la amistad y el cariño que apaciguan en ese camino, sin retorno, hacia la muerte (cf. v. 51), muchos hermanos nuestros necesitan que seamos instrumentos de paz, que donde haya odio llevemos amor, donde haya injuria el perdón del Señor y donde haya duda fe en él.
En el corazón de la Iglesia yo seré el amor
Sta. Teresa del Niño Jesús
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

