LUNES SANTO

Le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume (v. 3)

Lectura del santo evangelio según san Juan (12, 1-11)

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: «¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.

Entonces dijo Jesús: «Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán».

Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

Palabra del Señor.

¡Los pobres!

El Papa nos ha invitado a mirar a Jesús abandonado y, desde él, descubrir a los abandonados y crucificados del mundo. Hoy, el evangelista Juan, resalta dos aspectos fundamentales en el seguimiento del Señor: primero, nada que podamos hacer por él será un desperdicio, como enjugar sus pies con el aroma de nuestro amor y nuestra entrega (cf. v. 3); segundo, su ausencia, de la que advierte a los discípulos, es superada por una inminente presencia: los pobres (v. 8).

El mismo Papa Francisco lo sintetiza en estas palabras:

Cuando Jesús dice: “Porque pobres siempre tendréis con vosotros”, quiere decir: “Yo siempre estaré con vosotros en los pobres. Estaré presente ahí”. Y esto no es ser comunista, es el centro del Evangelio: seremos juzgados por esto. (Homilía Santa Marta, 6 abril 2020)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.