LUNES 8

Con sólo tocarlo…

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 18-26)

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir».

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: «Con sólo tocar su manto, me curaré». Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: «Hija, ten confianza; tu fe te ha curado». Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: «Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida». Y todos se burlaron de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.

Palabra del Señor.

Todos y cada uno nos hemos de encontrar, antes o después, frente a dos realidades de la vida: la incertidumbre de la enfermedad y la inminencia de la muerte. Ambas ponen a prueba nuestra fe, o la falta de ella.

Sin fe, una y otra se convierten en esclavitud, tragedia, castigo y desesperanza. Pero, cuando la fe nos anima, descubrimos que la enfermedad, o la muerte, se convierten en uno de tantos caminos para encontrarnos, o reencontrarnos, con el Señor.

Si nos dejamos tocar por él, nos sentiremos curados y volveremos a la vida (cf. vv. 18 y 21). Tal vez la enfermedad no desaparezca y ni siquiera superaremos la muerte, pero cuando su mano nos levante (cf. v. 25), dejarán de ser postración para convertirse en camino de esperanza y plenitud.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.