LUNES 7

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

Anda y haz tú lo mismo (v. 37)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37)

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?» El doctor de la ley contestó: «Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Has contestado bien; si haces eso, vivirás».

El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús le dijo: «Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?» El doctor de la ley le respondió: «El que tuvo compasión de él». Entonces Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

Palabra de Señor.

Al iniciar el día, y la semana, no estaría de más hacernos la misma pregunta que el doctor de la ley: ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna? (v. 25).

Una pregunta que, sin duda, creyentes y no creyentes nos planteamos de vez en cuando; el sentido de la vida nos inquieta y en el intento por salvarla de la finitud y el sinsentido, corremos el riesgo de perdemos en la vaciedad de lo absurdo.

La respuesta está en el amor, que va más allá de cualquier postura religiosa, ideológica, o atea, porque el amor es una experiencia humana por la que todos, de un modo u otro, somos puestos a prueba; es la verdad más profunda del hombre (cf. M. Kundera).

Pero, no basta con saber que somos capaces de amar, aunque también de no hacerlo, sino cómo hacer del amor una forma de vida. Es decir, descubrir que vivir amando es la manera más realista de darle sentido de eternidad a la vida.

Todos los días habrá alguien que caiga por el camino y todos los días tendremos la posibilidad de optar por pasar de largo, o detenernos, acercarnos, compadecernos y hacer del amor un verbo… (cf. vv. 30-36).

En todo, amar y servir (Ignacio de Loyola)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.