LUNES 4

Ustedes no me conocen a mí… (Jn 8,19)

Evangelio según Juan

Jn 8:12-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en la oscuridad y tendrá la luz de la vida”.

Los fariseos le dijeron a Jesús: “Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es válido”. Jesús les respondió: “Aunque yo mismo dé testimonio en mi favor, mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y a dónde voy; en cambio, ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. Ustedes juzgan por las apariencias. Yo no juzgo a nadie; pero si alguna vez juzgo, mi juicio es válido, porque yo no estoy solo: el Padre, que me ha enviado, está conmigo. Y en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo doy testimonio de mí mismo y también el Padre, que me ha enviado, da testimonio sobre mí”.

Entonces le preguntaron: “¿Dónde está tu Padre?” Jesús les contestó: “Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre”.

Estas palabras las pronunció junto al cepo de las limosnas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

Si me conocieran… (v. 19)

Cuando las dudas ensombrecen la fe y perdemos la confianza, aflora del corazón una pregunta: ¿Dónde está Dios?

¿Acaso, Señor, nos ha dejado solos?; dinos, ¿dónde está tu Padre? (v. 19).

¿Qué nos ha hecho falta?: Conocer de verdad a Jesús.

Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre (v. 19).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.