LUNES 29

Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

¡Maestro, tú eres el Hijo de Dios! (Jn 1,49).
  • Dn 7,9-10.13-14; Jn 1,47-51

Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 47-51)

En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: «Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez». Natanael le preguntó: «¿De dónde me conoces?» Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera». Respondió Natanael: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel». Jesús le contestó: «Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver». Después añadió: «Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

Cielo abierto

Un arcángel es reconocido en la tradición bíblica como príncipe de los ángeles, es decir, mensajero privilegiado que anuncia algo de parte de Yahvé, o que es, en sí, la misma presencia de Dios ante los hombres. De hecho, el significado de sus nombres está enlazado a tres cualidades de Yahvé, referido en algunos textos bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento:

  • Gabriel: Fortaleza de Dios (Dn 9,21; Lc 1,19 y 26).
  • Miguel: ¿Quién es como Dios? (Dn 10,13; 12,1; Jud 1,9; Ap 12,17).
  • Rafael: Medicina de Dios (Tb 12,15; cf.  Ap 8,2).

En la mirada de los autores sagrados lo importante no es el personaje (el ángel) sino el mensaje que transmite: hablara a los hombres de la Voluntad de Dios y de su proyecto salvífico, encarnado en el Hijo del hombre, el Mesías, que es Jesús. Así lo resaltan los textos que hoy nos propone la Liturgia de la Palabra: Dn 7,9-10.13-14; Jn 1,47-51.

Sólo la rectitud del corazón y la coherencia de vida son, a los ojos del Señor, motivo de reconocimiento y admiración. Y, además, de esa rectitud, donde no hay doblez (Jn 1,47), aflora la más profunda y clara profesión de fe: ¡Maestro, tú eres el Hijo de Dios!(Jn 1,49).

Para aquellos que viven con la mirada puesta en el Señor, se abrirán los cielos y verán grandes cosas (cf. v. 51).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.