LUNES 20

Eviten toda clase de avaricia
(v. 15)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12, 13-21)

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?»

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: «Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea».

Después les propuso esta parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios».

Palabra del Señor.

Cuando la avaricia y la ambición se convierten en actitudes ordinarias que modelan nuestra vida y rigen lo que deseamos, lo que buscamos e, incluso, lo que pensamos, nos involucramos en una serie de conflictos, con el hermano, con nosotros mismos y con Dios, que, sin lugar a duda, nos conducirán a una existencia sin sentido.

Esto le pasa a quienes amontonan riquezas para sí mismos y no se hacen ricos de lo que vale ante Dios (v. 21)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.