LUNES 18

Ve a vender todo lo que tienes… (v. 21)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (19, 16-22)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un joven y le preguntó: “Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?” Le respondió Jesús: “¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios. Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos”. El replicó: “¿Cuáles?”

Jesús le dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.

Le dijo entonces el joven: “Todo eso lo he cumplido desde mi niñez, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”. Al oír estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era muy rico.

Palabra del Señor.

La conciencia de nuestra propia finitud, saber con toda certeza que somos mortales, provoca en nosotros esa constante inquietud por la vida eterna: ¿Qué será de cada uno después de la muerte?

Consideramos, al menos desde el ámbito creyente, que la vida eterna es una recompensa, un don otorgado por el Padre a aquellos que han vivido fielmente a su voluntad y, particularmente, a sus mandamientos.

Así, como el joven del evangelio, damos por sentado que el puntual cumplimiento de los mandamientos es suficiente (cf. v. 16). Pero esto, en confrontación con el evangelio, resulta una “perfección” plana y una marcada autosatisfacción.

Jesús, sin perder de vista la validez de los mandamientos, nos lanza a buscar una perfección que se construye en sintonía con las imperfecciones humanas y con las vicisitudes del hombre: la vida eterna, según el evangelio, inicia renunciando a la eternidad, acogiendo la finitud y mirando con valentía todo aquello que provoca muerte –pobreza, hambre, soledad, abandono, enfermedad– para transformarlo en fuente de vida:

Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme (v. 21).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.