LUNES 13

A quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de su pueblo (v. 7)

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1, 1-7)

Yo, Pablo, siervo de Cristo Jesús, he sido llamado por Dios para ser apóstol y elegido por él para proclamar su Evangelio. Ese Evangelio, que, anunciado de antemano por los profetas en las Sagradas Escrituras, se refiere a su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que nació, en cuanto a su condición de hombre, del linaje de David, y en cuanto a su condición de espíritu santificador, se manifestó con todo su poder como Hijo de Dios, a partir de su resurrección de entre los muertos.

Por medio de Jesucristo, Dios me concedió la gracia del apostolado, a fin de llevar a los pueblos paganos a la aceptación de la fe para gloria de su nombre. Entre ellos, se cuentan también ustedes, llamados a pertenecer a Cristo Jesús.

A todos ustedes, los que viven en Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de su pueblo santo, les deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.

Palabra de Dios.

Hoy centraremos la reflexión no en el evangelio (Lc 11,29-32), sino en la carta a los romanos y en las palabras que Pablo dirige a una comunidad creyente que, sin importar el tiempo, bien podríamos ser nosotros.

Pablo se sabe elegido por Dios (cf. v. 1) con un propósito: proclamar el evangelio y dar testimonio en medio de una sociedad convulsa, con profundas dudas y crisis de fe. Este es el mismo panorama de nuestras sociedades y nuestras comunidades, en las que se habla de todo, se cree “en todo” y, de igual manera, se deja de creer.

La misión de Pablo como apóstol se extiende a todos nosotros y nos implica, también hemos sido llamados por Dios para ser apóstol y elegidos por él para proclamar su Evangelio…, a fin de llevar a los pueblos la aceptación de la fe (vv.1 y 5).

Un llamado y una misión que no podemos eludir porque está precedido por el amor: A quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de su pueblo (v. 7).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.