Lectura del santo evangelio según san Marcos (1, 14-20)
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepintanse y crean en el Evangelio”.
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.
Palabra del Señor.
En el texto de Hechos de los Apóstoles que escuchamos ayer domingo, en la fiesta del Bautismo del Señor, Pedro, en las palabras dirigidas a Cornelio y a los que estaban en su casa, ofrece el preámbulo de lo que hoy escuchamos en el evangelio de Marcos:
Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él (Hch 10,37-38).
Se ha cumplido el tiempo (Mc 10,15), tiempo que se cumple constantemente y a lo largo de la historia, sin interrupción. A partir de entonces, Jesús comenzó a predicar el Reino de Dios y lo hizo sentir cerca del pueblo por medio de sus palabras sencillas, de sus enseñanzas, de su presencia en todo lugar y en toda circunstancia.
Pero no quiso hacerlo solo, en su caminar por Galilea fue llamando a algunos hombres y los invitó a seguirlo; ellos, libremente, dejando todo, lo siguieron. Este texto, como mucho otros, no es anécdota de algo ni el simple recuerdo de un acontecimiento del pasado, es, por el contrario, el inicio de una historia de la que formamos parte, porque al ser bautizados también somos llamados y enviados a predicar el Reino de Dios en nuestras ciudades, entre los amigos, con la familia, en la comunidad.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

