LUNES 12

El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres (v. 22)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,22-27)

En aquel tiempo, se hallaba Jesús con sus discípulos en Galilea y les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar». Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza.

Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del impuesto para el templo y le dijeron: «¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?» El les respondió: «Sí lo paga».

Al entrar Pedro en la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?» Pedro le respondió: «A los extraños». Entonces Jesús le dijo: «Por lo tanto, los hijos están exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti».

Palabra del Señor.

Todo aquello que implica sufrimiento, dolor o miedo, provoca en nosotros una actitud de resistencia, negación o apatía, como Pedro que, ante el primer anuncio de la pasión, intentó persuadir a Jesús de no seguir adelante (Mt 16,13-23); o como los discípulos que, al ser advertidos por segunda vez de lo que sucedería, se llenaron de tristeza (cf. vv. 22-23).

La tristeza se convierte en un signo de decepción y es reflejo de esa misma actitud de no aceptar con entereza que el seguimiento del Señor nos lleva, indefectiblemente, por el mismo camino. Por eso, cuando idealizamos nuestras opciones de vida, sin duda encontraremos grandes decepciones y profundas tristezas.

La persecución es algo necesario en la Iglesia. ¿Saben por qué? Porque la verdad siempre es perseguida (Oscar Arnulfo Romero)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.