LUNES 11

¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños? (v. 25)

Del santo evangelio según san Mateo (17, 22-27)

En aquel tiempo, se hallaba Jesús con sus discípulos en Galilea y les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar». Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza.

Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del impuesto para el templo y le dijeron: «¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?» El les respondió: «Sí lo paga».

Al entrar Pedro en la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?» Pedro le respondió: «A los extraños». Entonces Jesús le dijo: «Por lo tanto, los hijos están exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti».

Palabra del Señor.

El panorama que Jesús plantea a sus discípulos, respecto de su destino, marcará el ritmo del seguimiento y el destino de los verdaderos seguidores. Y esto, no es para menos, también a nosotros nos llena de tristeza (cf. v. 23).

Es, en realidad, un panorama desalentador y atemorizante, del que mejor sería huir, o evadir de cualquier manera.

Jesús, sus palabras y acciones se convierten en un reto que interpela a las autoridades y a mucha gente del pueblo; para algunos es inaceptable, para otros un absurdo. Por ello lo descalifican, lo llaman hereje y, de antemano, lo condenan a muerte… Muerte que comienza con el desprecio y el desconocimiento: lo miran como a un extraño y no como a un hijo de Israel (cf. v. 25) y, como extraño, deberá someterse a las leyes que pisotean y denigran la dignidad del hombre.

Hoy hablamos de otros impuestos y aranceles; de redadas y deportaciones, de encarcelamientos y despidos; acuerdos políticos que ponen en segundo término la pobreza, el hambre, la enfermedad, la inevitable migración, el abandono…

La propuesta de Jesús es inaudita: él mismo se asume como extraño y nos invita a hacer lo mismo: Para no darles motivo de escándalo, paga por mí y por ti (v. 27).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.