
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN
Esta Basílica es la catedral del Papa. De entre todas las Iglesias de Occidente, ésta es la primera en antigüedad y dignidad (fue construida por el emperador Constantino hacia el año 320). Su nombre original es Basílica del Santísimo Salvador. La fiesta de esta dedicación ha de recordarnos que el ministerio del Papa, sucesor de Pedro, constituye para el pueblo el principio y el fundamento de la unidad.
Lectura del santo evangelio según san Juan (2, 13-22)
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre».
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: «¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?» Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré». Replicaron los judíos: «Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Palabra del Señor.
Hablando del templo, Jesús se refería a su cuerpo (v. 21), al hombre en el cual convergen lo humano y lo divino. En él, el pueblo podía encontrarse con Dios y descubrir su presencia.
Hablando de nosotros, de nuestro cuerpo, Pablo se refiere al templo: somos templo de Dios donde habita el Espíritu y, por eso, nuestro cuerpo es sagrado (cf. 1Cor 3,16-17). También aquí, en esta realidad finita, convergen lo humano y lo divino. Nuestra presencia entre los hombres es presencia de Dios, cercana e infinita.
Que el celo por esta casa (v. 17) impida que nuestros cuerpos se conviertan en mercado (v. 16).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
