Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,14-22)
En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.
Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.
Palabra del Señor.
El amor es un proyecto, una dinámica, un modo de vivir. Los textos que nos ofrece la Liturgia de la Palabra, de una riqueza incalculable, ponen de manifiesto algo fundamental en la Buena Nueva: el amor es la fuerza que dinamiza la vida de los hombres y los lanza al compromiso con el otro.
La claridad de Juan, en su primera carta, es incuestionable:
Si alguno dice: “Amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Además, Jesús nos ha dado este mandamiento: El que ama a Dios, que ame también a su hermano. (vv. 20-21)
Si bien el evangelio de Lucas, en los versículos del capítulo 4 que hoy leemos, no hablan explícitamente del amor, sí perfilan el modo cómo deba ponerse en práctica, sobre todo cuando el Espíritu unge y transforma el corazón del creyente: el amor es un proyecto que no se agota mientras haya a quien servir y sanar, a quien anunciar un mensaje de esperanza y libertad:
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. (Lc 4,18 // Is 61,1-2)
Este texto del profeta Isaías en boca de Jesús se convierte en un proyecto de amor y libertad, y el mismo Espíritu con el que hemos sido bautizados nos implica en ello.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

