JUEVES 29

Entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso(v. 26)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16, 19-31)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’ «.

Palabra del Señor.

Del mismo modo que entre el hombre rico y Lázaro se abrieron abismos inmensos (v. 26), también entre nosotros: divisiones irreconciliables provocadas por la avaricia, la indiferencia, el egoísmo, el odio, el desprecio…

Y no habrá ningún cambio en el fondo del corazón humano mientras seamos sordos a la voz de Moisés, de los profetas (v. 29), del hermano que grita y del mismo Hijo amado, a quien debemos escuchar (Mc 9,7).

La cuaresma es tiempo de escucha, de conversión al prójimo y de reconciliación.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.