SANTIAGO, APÓSTOL

Santiago, hijo de Zebedeo, era hermano de Juan y compañero de Pedro y Andrés. Antes de seguir el llamamiento de Jesús, que los convirtió en apóstoles, estos pescadores del lago de Genesaret se habían acercado a Juan el Bautista para escucharlo. Junto con Pedro y con Juan, Santiago fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. El año 43 o 44, Herodes Agripa lo mandó decapitar.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (20, 20-28)
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella respondió: «Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino». Pero Jesús replicó: «No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?» Ellos contestaron: «Sí podemos». Y él les dijo: «Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado».
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos».
Palabra del Señor.
En la dinámica del reinado de Dios, predicado por Jesús, no hay lugar para las tiranías, los autoritarismos, o los privilegios del poder; por el contrario, se caracteriza por el servicio y la disponibilidad.
Que la advertencia de Jesús nos haga pensar y tener claridad de aquello que se nos pide como sus seguidores:
Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva (vv. 26-27)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
