JUEVES 24

Evangelio según Lucas

Lc 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.

Palabra del Señor.

¿Conmigo o contra mí? (cf. v. 23)

Pueblos y naciones, grupos humanos e individuos, sin voz ni voto; el poder, como un demonio, los ha dejado mudos. Del mismo modo que Jesús expulsaba ese mal de un hombre (cf. v. 14), también nosotros estamos llamados a hacer lo mismo: devolver la voz al hermano.

El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama (v. 23)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.