JUEVES 18

…vete en paz (v. 50)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7, 36-50)

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora».

Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, Maestro». El le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?» Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Entonces Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados».

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?» Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».

Palabra del Señor.

Tal parece que el amor, pero el amor que Jesús propone desde el evangelio: radical, retador y transformador, es el único medio para mirar y llegar a lo más profundo del corazón humano; un amor que supera la mediocridad y los criterios moralistas que atan al hombre. Un amor que mueve a la conversión, a la compasión y al perdón sin límites; amor que invita a discernir y tomar postura por el Reino, donde al centro está el hermano, el necesitado, el pecador, el menesteroso, el despreciado por la sociedad que necesita ser acogido, respetado y perdonado.

El amor que Jesús propone es generoso, incondicional y atrevido; un amor que se convierte en la medida de la salvación y del perdón: amar mucho… (cf. v. 47).

No olvides que a la tarde te examinarán en el amor (S. Juan de la Cruz) y que la única pregunta será ¿cuánto amaste y qué hiciste por tu hermano?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.