JUEVES 18

Una gran multitud… (v. 7)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3, 7-12)

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Palabra del Señor.

Como aquella gente, también nosotros, por la razón que sea, buscamos a Jesús. ¿Por qué lo buscamos? Es, tal vez, un interés material, un favor especial, un milagro extraordinario…; o hemos hecho de nuestra búsqueda un fanatismo que nos confunde entre las masas que empujan, se amontonan y arroyan, pero no esperan, no distinguen, no escuchan ni disciernen.

Tal vez debamos comenzar por reconocer las inmundicias que hay dentro de nosotros, sacarlas y, entonces, gritar con libertad: ¡Tú eres el Hijo de Dios!

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.