DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas del días: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy.html
VER
Nadie, considerado impuro o inmoral, es digno de confianza, ni siquiera podría formar parte de aquellos grupos que se consideran, a sí mismos, exclusivos, perfectos, elegidos…
Ciertas normas de moral social marcan límites en el comportamiento, en la selección de las amistades y las relaciones que establecemos a lo largo de la vida. Así, evitamos a los que no son como nosotros, o no siguen las mismas reglas que observamos.
Hemos creado un concepto de perfección estático, imperturbable, que se resiste a la posibilidad de ser perfeccionado; alimentado por factores lineales como el cumplimiento cabal, la precisión matemática, la pureza (racial, moral, intelectual…) y la selectividad.
Al contrario, Dios escogió a los que el mundo tiene por locos, para avergonzar a los sabios; a los que el mundo tiene por débiles, para avergonzar a los fuertes; escogió a los que el mundo tiene por insignificantes, a los que trata con desprecio, a aquellos que nada valen, para anular a los que piensan que son algo, a fin de que nadie se enorgullezca ante Dios (1Cor 1,27-29)
ILUMINAR
Is 6,1-2.3-8; 1Cor 15,1-11; Lc 5,1-11.
Los textos de la liturgia de la Palabra nos muestran el perfil de los hombres que son elegidos por Dios para ser sus mensajeros, guiar a su pueblo y consolidar a la comunidad de hermanos: hombres de labios impuros, que habitan en medio de un pueblo de labios impuros (Is 6,5); hombres que van en contra de su voluntad y persiguen a los suyos, indignos, últimos entre los elegidos y son, como dice Pablo, como un aborto (1Cor 15,8). Por último, hombres que, como Pedro, no tienen empacho en reconocer que son pecadores (Lc 5,8) y despreciables.
Así los elige Dios, sin preámbulos de perfección y pureza; sin preguntar si quiera si creen, o si poseen una fe intachable. Basta que se dejen sobrecoger por su palabra, que se abran a su gracias y tengan la humildad de arrojarse a sus pies, dándose por vencidos.
Al llamado de Dios: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?, corresponde una respuesta, profunda, capaz de superar los límites personales y los impedimentos: ¡Aquí estoy, Señor, envíame? (Is 5,8). En esa respuesta se gesta una transformación de la persona, que abandona en Dios todo su ser: Por la gracias de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí (1Cor 15,10); respuesta ciega y confiada, en la que se arriesga todo: Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiando en tu palabra, echaré las redes (Lc 5,5).
¡Confiar en su palabra! Que, como fuego abrazador, purifica y perdona (Is 6,7), y compromete con un proyecto de horizontes distintos, que va más allá de las fronteras raciales y religiosas: echar las redes mar adentro (Lc 5,4)
No temas, desde ahora serás pescador de hombres. Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron (Lc 5,10-11)
ACTUAR
En palabras de Papa Francisco:
Así es como el Señor reconstruye la confianza de Pedro. Tras subir a su barca, después de predicar, le dice: «Rema mar adentro» (v. 4). No era una hora adecuada para pescar, era pleno día, pero Pedro confía en Jesús. No se apoya en las estrategias de los pescadores, que conocía bien, sino que se apoya en la novedad de Jesús. Aquel asombro que lo movía a hacer aquello que Jesús le decía. Lo mismo ocurre con nosotros: si acogemos al Señor en nuestra barca, podemos ir mar adentro. Con Jesús se navega por el mar de la vida sin miedo, sin ceder a la decepción cuando no se pesca nada, y sin ceder al “no hay nada más que hacer”. Siempre, tanto en la vida personal como en la vida de la Iglesia y de la sociedad, se puede hacer algo que sea hermoso y valiente: siempre. Siempre podemos volver a empezar, el Señor siempre nos invita a volver a ponernos en juego porque Él abre nuevas posibilidades. Aceptemos, pues, la invitación: ahuyentemos el pesimismo y la desconfianza y entremos mar adentro con Jesús. Incluso nuestra pequeña barca vacía será testigo de una pesca milagrosa. (Ángelus 6 de febrero de 2022)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
