DOMINGO 21

DOMINGO IV DE PASCUA

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
  • Hch 4,8-12; Sal 117; 1Jn 3,1-2; Jn 10,11-18

Bendito el que viene en nombre del Señor (Sal 117,26)

Bienvenida y reconocimiento a la vez. Se acoge con gozo y alegría a quienes reflejan en sus palabras y en su rostro la presencia de aquel que los habita y los mueve a ir al encuentro del hermano.

Es una dicha ser recibido como quien es portador de esperanza y buenas nuevas; como luz para el mundo y sal para la tierra, que ilumina donde prevalecen las dudas y la ignorancia, y da sentido al sinsentido de los corazones.

Sanar en el nombre de Jesús Nazaret (Hch 4,10), y en su nombre devolver la alegría, acoger al despreciado, encontrar a los que se han perdido y reencontrarnos con los que hemos olvidado; en su nombre redignificar a cada persona y recuperar los nombres y las historias que se han omitido para no darles voz contra la mentira que los somete y los oculta.

En nombre de ese Jesús que las estructuras sociales, políticas y religiosas siguen crucificando (cf. Hch 4,10) y a quien Dios resucitó de entre los muertos; porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos (Hch 4,12).

Bendito el que ama incondicionalmente en el nombre del Señor, porque sabe que el Padre lo ha amado, haciéndolo hijo suyo, y los hijos de Dios aman hasta dar la vida por el hermano, por el amigo, por el extraño, por el indefenso… Pero, si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él (1Jn 3,1-2).

La síntesis de todo esto y el parámetro que nos indica los criterios para ponerlo en práctica lo ha plasmado el evangelista Juan en estas palabras de identidad, conocimiento y reconocimiento:

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor. El Padre me ama porque doy la vida… (10,14-17)

En palabras del Papa Francisco (Regina Caeli, 25 de abril de 2021):

¡Qué bonito y consolador es saber que Jesús nos conoce a cada uno, que no somos anónimos para Él, que nuestro nombre le es conocido! Para Él no somos “masa”, “multitud”, no. Somos personas únicas, cada uno con la propia historia, [y Él]nos conoce a cada uno con la propia historia,cada uno con el propio valor, tanto como criatura cuanto como redimido por Cristo. Cada uno de nosotros puede decir: ¡Jesús me conoce! Es verdad, es así: Él nos conoce como nadie más. Solo Él sabe qué hay en nuestro corazón, las intenciones, los sentimientos más escondidos. Jesús conoce nuestras fortalezas y nuestras debilidades, y está siempre preparado para cuidar de nosotros, para sanar las llagas de nuestros errores con la abundancia de su misericordia. (…) Por tanto, Jesús Buen Pastor defiende, conoce, y sobre todo ama a sus ovejas. Y por esto da la vida por ellas (cfr. Jn 10,15). 

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.