AGOSTO 15 DE 2021
DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
VER
Lo extraordinario y poco común llama con fuerza nuestra atención, nos seduce y nos atrapa; su inexplicable fascinación se convierte en un misterio impenetrable que nos mantiene a la expectativa, y provoca en nosotros toda clase de reacciones: preguntas, dudas, expresiones de fe, acomodo de las convicciones…
Así nos encontramos ante el misterio de la Asunción de María, extraordinario e inexplicable. Lo acogemos como expresión de una fe popular, que no cuestiona, ni ahonda en el sentido más profundo de los hechos. Nos fascina y atrapa la imagen de la Virgen Asunta, “llevada al cielo en cuerpo y alma”, y dejamos de ver a la mujer sencilla, que abrió su corazón al Espíritu para comenzar un camino de madurez en la fe, de esperanza y testimonio vivo del Reino que se había gestado en su vientre.
ILUMINAR
Lucas nos regala una imagen sencilla y plenamente humana de María. Ella, asumiendo la misión como madre del Mesías, no permanece absorta ante el misterio que la cubre con su sombra (Lc 1,35), sino que acoge generosa y libremente la Voluntad del Padre, en un sí decidido, y, presurosa, emprende el camino hacia las montañas de Judea (v. 39), para servir, acompañar y llenar con el Espíritu -que en ella habita- el vientre de Isabel (v. 41).
El evangelista no habla de las aspiraciones de María, sino de cómo en ella se concreta un proyecto y cómo, ella misma, lo lleva a la práctica y, agradecida con su Dios, proclama:
Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava (vv. 47-48).
La humildad es la actitud que engrandece a María y la maternidad, aceptada como don de Dios, es la puerta que abre a la condición humana el ingreso de Dios en la historia de los hombres. Así, María es asumida (asunta) como madre del Hijo de Dios (Lc 1,35).
ACTUAR
- También en nosotros el Espíritu se encarna, nos convierte en morada de Dios y en testigos del Reino.
- También para nosotros hay una asunción al cielo, si antes cumplimos nuestra misión en la tierra.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
