DOMINGO 14

¡Alégrense conmigo!

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

  • Ex 32,7-11.13-14; Sal 50; 1Tim 1,12-17; Lc 15,1-32

En tres parábolas, Lucas narra el modo cómo Jesús nos presenta y da a conocer a su Padre, resaltando dos cualidades que deberán ser asumidas, como forma de vida, por todo creyente: la misericordia y el perdón.

Una oveja que se ha perdido y por ella se deja todo hasta encontrarla; una moneda que, a pesar de su poco valor, sostiene la vida de una mujer que, al extraviarla, buscará incansablemente hasta recuperarla.

Por último, un hijo que, cegado por el egoísmo, niega y desprecia a su padre y lo abandona para ir en busca de su propio destino. Perdido en su vaciedad, sin nada que de sentido a su existencia, humillado, regresa en busca de perdón y encuentra a un padre que lo recibe con ternura y generosidad; lo abraza, lo besa y hace una gran fiesta para celebrar el gozo del reencuentro (cf. vv. 20-23). De hecho, no lo perdona, no necesita hacerlo, porque lo ama y le hace saber que los seguirá amando.

Tres parábolas que, más allá del perdón, concluyen con un peculiar gesto de ese Dios del que Jesús nos habla: la alegría. Una alegría compartida, que se convierte en llamado comunitario al gozo, a reconocer que no sólo el perdón, sino la alegría de perdonar, de encontrar, de recuperar y de salvar, nos involucra a todos.

Alégrense conmigo; es necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado (vv. 6.9 y 32)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.