DOMINGO 10

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (v. 38)

DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

VER

En medio de este mundo, herido por la guerra y la violencia; la corrupción y la ambición de poder; ante la desesperanza y la desesperación, que ponen límite al porvenir, la incertidumbre se apodera del corazón y el llanto nubla la luz en la mirada.

Justo allí, en medio del caos y el miedo que confunden y ensordecen, un rumor se levanta, voces que alientan y nos recuerdan que el Señor, luz y guía, siempre llega:

¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! (v. 38)

ILUMINAR

De Betfagé y Betania (cf. v. 29), al mundo y nuestra realidad. Dios llega encarnado en hombre, buscando entre la gente un corazón dispuesto y libre, atado únicamente a la espera, deseando que su presencia y su palabra lo liberen (cf. v. 30).

A ese corazón, el Señor lo necesita (v. 31). ¡Nos necesita a todos!, como portadores de esperanza, para irrumpir, con él, en la desolación y el desaliento de los pueblos; para transformar la tristeza en gozo y el llanto en cantos de alegría.

A su paso, afloran caminos tapizados de flores y mantos, que abren senderos y rumbos distintos, donde las multitudes, entusiasmadas, caminan sin miedo, acompañan, gritan, alaban y reciben al Señor como a su Rey:

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! (v. 38)

Presencia definitiva, que entra en la historia y transforma la vida; no hay poder que lo impida, ni autoridad humana que lo haga callar: Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras. (v. 40)

No obstante, a pesar de los signos y prodigios que ha realizado, algunos quieren matarlo…

ACTUAR

El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo… (Is 50,4)

Estamos en los días que preceden a la Pascua. Nos estamos preparando para celebrar la victoria del Señor Jesucristo sobre el pecado y sobre la muerte. Sobre el pecado y sobre la muerte, no sobre alguno o contra algún otro. Pero hoy hay guerra. ¿Por qué se quiere vencer así, a la manera del mundo? Así solamente se pierde. ¿Por qué no dejar que venza Él? Cristo ha llevado la cruz para liberarnos del dominio del mal. Ha muerto para que reinen la vida, el amor, la paz.

¡Se depongan las armas! Se inicie una tregua pascual; pero no para recargar las armas y volver a combatir, ¡no!, una tregua para llegar a la paz, a través de una verdadera negociación, dispuestos también a algún sacrificio por el bien de la gente. De hecho, ¿qué victoria será esa que plante una bandera sobre un cúmulo de escombros? (Papa Francisco, Ángelus del 10 de abril 2022)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.