DICIEMBRE 25

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Encontrarán al niño envuelto en pañales (v. 12)
  • Mt 1,1-25; Lc 2,1-14; Lc 2,15-20; Jn 1,1-18.

La Natividad es un acontecimiento envolvente, porque nos viene a decir que Dios, hecho hombre, ha venido a quedarse con nosotros para siempre, abarcando el tiempo, la vida y la historia.

Por eso, la liturgia de la Palabra nos invita a celebrar de principio a fin, desde el ocaso hasta el amanecer, cubriendo con los textos sagrados cada momento del día y alimentado el corazón de mujeres y hombres de buena voluntad.

Así, la celebración está organizada en cuatro momentos: Misa vespertina de la vigilia, misa de la noche, misa de la aurora y misa del día. A cada una corresponde un texto del evangelio con los que se construye una secuencia que nos lleva de la mano no sólo en la comprensión del misterio, sino en la revelación del gran acontecimiento; nos acerca a él pasando por la condición humana de Jesús hasta su condición divina.

  • La vigilia(Mt 1,1-25): La genealogía de Mateo tiene la función de resaltar el origen davídico de Jesús, con lo que se refuerza y confirma su condición mesiánica. Aunque dicha genealogía tiene datos tan dispares y contradictorios, entre los que aparecen algunas mujeres de dudosa reputación tales como Tamar, Rahab, Ruth, o Betsabé, que se acerca más a la idea de que Dios ha elegido lo despreciable de este mundo para darse a conocer (cf. 1Cor 1,27-29). Y tal parece, ¡que así es! Por otra parte, la figura de José, descendiente de la casa de David, es el complemento necesario que sustenta, sin lugar a duda, el mesianismo del Hijo, pero sobre todo, la condición humana, quedando inscrita en la dinámica de una familia común, que inicia su aventura entre dudas y vicisitudes, pero que cumple, con humildad, los designios de Dios (vv. 19-25).
    • La vigilia está representada en el sueño de José que, sorprendido por Dios, responde sin dudar ante lo inesperado, con un sí confiado.
  • La noche(Lc 2,1-14): La primera parte del texto lucano pone en evidencia que la Revelación no está dirigida a los sabios y entendidos, sino a la gente sencilla (Lc 10,21), como los pastores, a quienes se anuncia, a ellos los primeros, el nacimiento del Salvador; una buena noticia que se sobrepone al temor y el miedo (cf. v. 10). De igual manera, lo humano de Jesús se hace notar en dos aspectos particulares: uno, que ha nacido (v. 11), como nace todo hombre; dos, que lo encontrarán envuelto en la vulnerabilidad propia de la condición humana: la dependencia, la necesidad de cuidados, la fragilidad (cf. v. 12). Sin sobresaltos escénicos, el mesías llega “por la puerta de atrás”.
    • El Señor llega en medio de la noche, donde la carencia de luminosidad permitirá que otra luz, más plena y radiante, irrumpa en la oscuridad de la historia humana, y para que el hombre, en su noche oscura, busque hasta encontrarlo.
  • La aurora(Lc 2,15-20): La segunda parte, en continuidad con la anterior, nos presenta la Epifanía del Mesías a los pastores, quienes son testigos porque han decidido ir a ver y confirmar por ellos mismos, lo anunciado por el ángel (v. 15); han decidido moverse de aquella región que los ataba a una condición social de segregación, para convertirse, ellos mismos, en testigos y portadores de la alegre noticia: contaron lo que vieron y lo que oyeron (v. 17).
    • La manifestación del Señor es como la aurora que, superando la noche, nos acerca a la luz de la verdad; una verdad que no se puede ocultar y nos anima a darla a conocer.
  • El día(Jn 1, 1-18): Por último, Juan realza el origen divino de Jesús que se manifiesta, de manera paradójica, en la condición humana: en el principio ya existía aquel que es la Palabra, que estaba con Dios y era Dios, pero que ahora se hizo hombre y habitó entre nosotros (vv. 1 y 14).
    • El día es la claridad plena, donde no hay lugar para la confusión: Dios se hizo hombre y ha puesto su morada entre nosotros.

Esta relación entrelazada con los evangelios abre ante nosotros un panorama de plenitud que nos revela el sentido más profundo del misterio de la encarnación, presentándose como gracia y bendición para la humanidad:

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado (Jn 1,16-18).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.