¿Eres tú…? Una Palabra

S. JUAN DE LA CRUZ

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? (Mt 11,2)

Tal pregunta remueve el corazón del bautista en medio de la incertidumbre, la soledad y el sinsentido; él, que nos ha dicho de Jesús: ¡éste es el cordero!, ahora, sumido en las dudas de la fe, pregunta, vacilante, ¿eres tú? Una pregunta que abre la posibilidad de confirmar lo que sabe desde el inicio y que ha sido la razón de su vida, de su misión y su destino.

Del mismo modo que Juan, probablemente nosotros lancemos la misma pregunta, sobre todo, cuando el corazón y la mente han sido invadidos por tantas verdades a medias, falsas profecías, promesas incumplidas, razones sin sentido, palabras vacías y oscuridad en el horizonte.

Cuando la esperanza se apaga poco a poco, necesitamos que el soplo del Espíritu reanime con su aliento la fe y que su fuego encienda los corazones, hasta que ardan en el reencuentro gozoso con aquel que es la única palabra venida del Padre, en quien se encarna la verdad y se abre el camino hacia ella.

¿Tenemos que esperar algo más? La hondura mística de Juan de la Cruz y su mirada contemplativa nos responde que no, porque una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma (D 99).

[…] Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces. Porque en darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.

Pon solos los ojos en él… (2S 22,3.5)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

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