UNA MIRADA AL INTERIOR
No podríamos pasar por alto esta celebración tan importante para el Carmelo Teresiano y para la Iglesia universal, sin decir alguna palabra en torno a la figura, la doctrina y el pensamiento de Teresa de Jesús.
La espiritualidad de Teresa es tan rica y abundante que bien podríamos sumergirnos en una gozosa experiencia espiritual. Un aspecto de esa espiritualidad será suficiente para disfrutar y descubrir la abundancia del Espíritu, sacando aguas del pozo con nuestros propios arcabuces, dejándonos guiar de la mano de Teresa.
En el libro de Las Moradas, como apunta el P. Maximiliano Herraiz G. OCD, subyacen tres elementos doctrinales: Dios, el hombre y la oración; logrando a así una peculiar visión teológico-antropológica de la espiritualidad y de la experiencia de Dios. Sin pretender ahondar en cada uno de ellos, destacaremos algo de lo que Teresa nos dice del hombre en las primeras moradas.
Teresa comienza abriendo su corazón:
Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí -porque yo no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia- se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos… (1M 1,1).
El alma es el hombre, y ese mismo hombre es la morada (el castillo) donde Dios habita. Teresa comienza su experiencia desde abajo: mirándose a sí misma, descubre en la condición humana el lugar teológico donde Dios se manifiesta plenamente; la experiencia mística es posterior, es el fruto de este descubrimiento esencial; lo primero, es la contemplación de la realidad humana, vista a través del Espíritu, que el Señor ofrece como inspiración. Cuando las cosas se miran así, y desde esa perspectiva, no hay más que reconocer la hermosura y dignidad de nuestras almas… (Prefacio a las primeras moradas).
El p. Maximiliano nos ofrece el siguiente análisis del pensamiento teresiano:
Visión grandiosa, exaltada. “Un castillo todo de una diamante y muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, “un paraíso”. Visión positiva. Buena pedagoga, Teresa empieza por aquí. Habla de “su gran dignidad, hermosura y capacidad”, “perla oriental, árbol de vida que está plantado en las mismas aguas vivas de la vida, que es Dios”. La grandeza máxima del hombre, su riqueza es que “puede tener conversación no menos que con Dios”. Dimensión teológica: abierto a Dios… (Herraiz, M. OCD. 1981. Introducción a las Moradas de Santa Teresa).
Así como para descubrir las riquezas que esconde un castillo es necesaria una puerta, para adentrarse en la riqueza interior de la persona la santa advierte que sólo hay una muy peculiar, pero que, de igual manera, es parte de la misma naturaleza humana: …la puerta para entrar en este castillo es la oración (1M1,7).
La oración es la experiencia que surge del corazón del hombre en su relación con Dios. Por eso, para ella no es otra cosa que un tratar de amistad…, con quien sabemos nos ama (V 8,5). Vista así la oración, podemos decir que es el tiempo que yo me concedo para estar con Dios; la puerta por donde le dejo entrar.
La mayor riqueza del hombre -dice Herraiz-, según Teresa, es el privilegio de conversar con Dios, dialogar con él como con un amigo, y eso, precisamente, resalta la hermosura y dignidad de nuestras almas.
El hombre es la morada de Dios y en él mismo está la posibilidad de abrir la puerta.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
