STA. ROSA DE LIMA, PATRONA DE AMÉRICA LATINA
Es la primera santa del Nuevo Mundo. Retirada en el jardín de la casa paterna, vivió el ideal dominicano de la contemplación y la proyección apostólica. Para lograr la salvación de los indigentes se entregaba a tremendas penitencias, que sólo la íntima presencia del Señor la hacía soportar.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,44-46)
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra».
Palabra de Señor.
A lo largo de la vida nuestra relación con las cosas se va modificando, es cada vez más compleja, selectiva y exclusiva; distinguimos las cosas buenas de las malas, las útiles de las inútiles; descubrimos que unas tienen mayor valor que otras, a tal grado que buscamos las más valiosas y no descansamos hasta obtenerlas, atesorarlas y, así, fincar nuestra riqueza. Pero en el fondo, sabemos que son riquezas efímeras que, algún día, perderán su valor.
Por eso, con estas parábolas, Jesús nos dice que dentro de nosotros, en lo más profundo, hay un tesoro escondido (v. 44), tan valioso, que bien vale la pena desprendernos de todo aquello que entristece, estorba, distrae, ocupa innecesariamente nuestro corazón y nos impide llegar a él.
Que la dicha de sabernos habitados por Dios, y descubrirlo, nos llene de alegría (cf. v. 44) y nos impulse a cambiar nuestra forma de pensar, de vivir y de relacionarnos.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

