VIERNES 19

A Jesús lo acompañaban mujeres y hombres en la construcción del Reino

Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 1-3)

En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.

Palabra del Señor.

El Reino de Dios, del que nos habla constantemente Jesús, representa un modo de reinar distinto, innovador, del que surgen formas nuevas de organizar las tareas, la misión, los compromisos y las relaciones. En él se rompen estructuras establecidas y límites determinados; es, por el contrario, una gran casa de puertas abiertas donde hay lugar para todas y todos.

El grupo de los doce se redefine con la presencia de algunas mujeres (v. 2). Tal vez algo inaudito para la época, pero no para Jesús quien corre los riesgos de la confianza, la libertad y la apertura incondicional.

La mujer siempre será esa ayuda adecuada (cf. Gn 2,18.22) que supera la soledad del hombre y lo ubica ante el reto de la complementariedad y la aceptación de que, aun siendo muchos, en la dinámica del Reino formamos una sola carne (Gn 2,23), un sólo cuerpo (1Cor 12,12) y que, allí, ya no hay distinción entre varón y mujer (cf. Gal 3,28).

Hagámonos una pregunta: ¿En la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la sociedad vivimos esa misma apertura y esa misma inclusión retadora?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.