SÁBADO 9

¿Por qué nosotros no pudimos? (v. 19)

Del santo evangelio según san Mateo (17, 14-20)

En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo».

Entonces Jesús exclamó: «¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho». Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.

Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?» Les respondió Jesús: «Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: ‘Trasládate de aquí para allá’, y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes».

Palabra del Señor.

Sabemos que la realidad en la que estamos inmersos nos supera, sobre todo cuando las adversidades y los problemas que trae consigo representan un reto mayor a nuestras fuerzas, a nuestra voluntad y a nuestra fe.

Los demonios que se apoderan de la vida se manifiestan en el odio, la envidia y las injusticias; en la violencia, el abuso de poder y la mentira; en la corrupción, la ambición y el desprecio…

Deseamos expulsar, erradicar, desaparecer todo lo que impide ser felices y vivir en libertad, pero ante el fracaso de nuestros intentos, también reconocemos: ¿Por qué nosotros no podemos? (cf. v. 19). Porque nos embelesamos de antemano con el milagro que esperamos y olvidamos fortalecer con la fe las profundidades del corazón; porque naufragamos en el mar de lo extraordinario y no asumimos que si tuviéramos fe al menos del tamaño de un grano de mostaza, nada sería imposible para nosotros (cf. v. 20).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.