DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN
Esta Basílica es la catedral del Papa. De entre todos los templos de Occidente, éste es el primero en antigüedad y dignidad (fue construida por el emperador Constantino hacia el año 320). Su nombre original es Basílica del Santísimo Salvador. La fiesta de esta dedicación ha de recordarnos que el ministerio del Papa, sucesor de Pedro, constituye para el pueblo el principio y el fundamento de la unidad. (tomado del Misal de noviembre, Buena Prensa.)
Lectura del santo evangelio según san Juan (2, 13-22)
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre».
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: «¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?» Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré». Replicaron los judíos: «Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Palabra del Señor.
- 1Cor 3,9-11.16-17; Jn 2,13-22
Pablo nos recuerda que los bautizados somos templo del Espíritu (1Cor 3,16; 6,19); la casa que Dios ha edificado y donde él habita (1Cor 3,9).
Pero tal vez, también nosotros, la hemos convertido en un mercado (cf. Jn 2,16), donde todo se pone a la venta, la libertad, la dignidad, la belleza…, no importando a qué precio.
Estamos llamados a recuperar la dignidad de cada persona, rescatar la sacralidad de su cuerpo, echar de ella lo que la invade, la ocupa y la profana.
Que también a nosotros el celo por esta casa nos consuma (cf. Jn 2,17).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

