LUNES 4

Denles ustedes de comer… (v. 16)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14, 13-21)

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer». Pero Jesús les replicó: «No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer». Ellos le contestaron: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados». El les dijo: «Tráiganmelos».

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor.

Más allá del milagro, esta vez narrado por Mateo, valdría la pena mirar con atención los gestos humanos encarnados y expresados por Jesús que, sin más, se entretejen con nuestra propia condición humana, por ejemplo: al enterarse de la muerte de Juan, el hermano, el pariente, el atrevido profeta que, por el Reino, ha sido capaza de dar la vida, Jesús se dirigió a un lugar apartado y solitario (v. 13), tal vez para llorar, gritar, lamentarse; para sentir el miedo del peligro, o hacer un duelo y orar. Nosotros, reaccionamos del mismo modo cuando la muerte nos sobrecoge.

Pero ese gesto tan humano, permite que la gente, al saberlo, fuera a buscarlo (cf. v. 13), tal vez, de inicio, para consolarlo y acompañarlo; para no dejarlo solo y seguir adelante, juntos, con lo que ya estaba echado a andar.

Gente sin nada, humanamente necesitada, que provocó en Jesús ese otro gesto, profundamente humana, de sobreponerse a la adversidad de lo trágico: compadecerse, curar, aliviar, abrazar y no dejar morir (v. 14).

Sin elucubrar ni hacer alarde de poderes mágicos o extraordinarios, pone el acento en la única manera posible, humanamente hablando, de mediar y resolver las tragedias humanas: Denles ustedes de comer… (v. 16).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.