LUNES 3

Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña (Mc 12,8)
  • 2Pe 1,1-7; Mc 12,1-12

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,1-12)

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo:

“Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.

A su tiempo, les envió a los viñadores un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada. Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.

Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Éste es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros. ¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?”

Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí
.

Palabra del Señor.

Entre otras cosas, el evangelio nos advierte que cuando desconocemos a Jesús, el Hijo enviado por el Padre, y lo arrojamos fuera de nuestra vida y de la comunidad, vendrá el dueño de la viña y acabará con nosotros. Es decir, nos dejará fuera del Reino y confiará en otros (cf. Mc 12,6-9).

Por el contrario, el apóstol Pedro nos recuerda que habrá un panorama distinto para quienes han obtenido una fe tan preciosa como la nuestra, gracias a la justicia de Jesucristo, nuestro Dios y Salvador. Que abunden entre ustedes la gracia y la paz, por el conocimiento de Jesucristo, nuestro Señor (2Pe 1,1-2).

Y conocer a Jesús, además de permitirnos ser parte de su viña, implica un cambio radical en el actuar y un proyecto de vida distinto, tal como lo plantea el mismo Pedro:

Esfuércense en añadir a su fe, buena conducta; a la buena conducta, el conocimiento; al conocimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la piedad; a la piedad, el amor fraterno, y al amor fraterno, la caridad (2Pe 1,5-7).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.