DOMINGO 15

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Si su justicia mayor que la de escriba y fariseos
  • Sir 15,16-21; Sal 118; 1Cor 2,6-10; Mt 5,17-37

Aunque sea evidente, no está de más recordad y ser conscientes de que, a lo largo y ancho del mundo, suceden continuamente actos de injusticias que dañan y hieren la integridad del hombre. Son consecuencia, tal vez, de una sistemática incapacidad para dar cumplimiento y plenitud a la ley (cf. Mt 5,17). Abolir una ley, cualquiera que sea, significa abolir y anular la responsabilidad y el compromiso social que le son inherentes.

Sobre ese terreno, inestable y movedizo, se gesta la violencia, que crece y se propaga incontenible. Una violencia que ensombrece la vida de niños, mujeres y hombres; trabajadores, ancianos, migrantes, minorías sociales, activistas, defensores de los derechos humanos, matando, robando, violando, mintiendo, engañando, despojando

De frente a ese panorama sin esperanza aparente, las palabras de Jesús resuenan con fuerza y marcan una diferencia: No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud(v. 17), y nos advierte: Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escriba y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos(Mt 5,20). Es decir, a partir de ahora hay que actuar y proceder en el sentido contrario a lo establecido, mirar más allá de un mandato escrito sobre papel y luchar por una justicia cierta y verdadera.

El discurso de Mateo, a lo largo del evangelio, es una clara propuesta de una justicia mejor (cf. Giuseppe Segalla), que, en este texto en particular, se plasma en seis antítesis, de las ocho o nueve que presenta el evangelista (sobre la ofensa, el adulterio, el divorcio, los juramentos, la venganza, la limosna, la oración y el ayuno: 5,21-6,18), lanzadas por Jesús y que no consisten en un simple y llano conocimiento de los mandatos, sino en un movimiento de la conciencia que debe llevarnos a buscar y descubrir otros derroteros.

Los mandamientos, desde la perspectiva de Jesús, tampoco se reducen a una simple dialéctica entre matar-no matar; cometer-no cometer adulterio; repudiar-no repudiar; jurar en falso-no jurar en falso…, sino que, yendo del “han oído” a la novedad del “yo les digo”, se desvelan, poco a poco, la violencia y la injusticia, que se desatan contra el prójimo, en la omisión de un mandato (mismas que Mateo tiene el cuidado de explicitar: vv. 21-32).

No se trata sólo de cumplir por cumplir, porque, así, se corre el riesgo de atarse a la pura satisfacción personal, la satisfacción autorreferencial, a la que tantas veces se refirió el Papa Francisco. Se trata, por el contrario, de vivir según la voluntad del Padre:

Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos;
permanecer fiel a ellos es cosa tuya.
El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua;
extiende la mano a lo que quieras.
Delante del hombre están la muerte y la vida;
le será dado lo que él escoja.

Es infinita la sabiduría del Señor;
es inmenso su poder y él lo ve todo.
Los ojos del Señor ven con agrado
a quienes lo temen;
el Señor conoce todas las obras del hombre.
A nadie le ha mandado ser impío
y a nadie le ha dado permiso de pecar.
(Sir 15,16-21)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.