NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
Desde las semanas situadas entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, la gruta de Massabille atrajo enormes multitudes a Lourdes. Invocando a la inmaculada Madre de Dios, que se apareció a Bernardita en la gruta, el pueblo cristiano descubre en María la imagen de la Iglesia futura, la anticipación de la nueva Jerusalén, cuyas puertas están abierta a todas las naciones. (Misal febrero 2026, Buena Prensa)
Lectura del santo evangelio según san Marcos (7, 14-23)
En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro».
Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: «¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?» Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.
Luego agregó: «Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre».
Palabra del Señor.
Los humanos, dice la sociología, somos seres que consumen; consumimos información, alimentos, opiniones, bienes materiales, datos de toda índole, comunicación a través de las redes… Gran parte de nuestro tiempo y de nuestra vida lo dedicamos a seleccionar, cuidar y atender con esmero eso que consumimos. Nos dañe o no, seguiremos inmersos en la dinámica del consumir.
La frontera entre el bien y el mal -dice el Papa Francisco- no está fuera de nosotros sino más bien dentro de nosotros.
¿Qué hay en nuestro interior? ¿Qué se gesta y qué aflora de él? Lo que pensamos, lo que decimos y lo que expresamos es determinante; los alcances de nuestras palabras y acciones pueden ser constructivos, o destructivos…
Lo que mancha, daña y destruye al hombre es lo que sale de dentro (cf. v. 15)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

