STA. TERESA DE JESÚS

TERESEA ORANTE NOS ENSEÑA A ORAR

Descubrimos en Teresa una pedagogía de la oración que, seguramente, ella misma no se propuso, ni tenía prevista; simplemente deseaba orar, descubrió como hacerlo, aprendió a orar y vivió orando. No obstante, ese proceso se convierte en verdadera pedagogía porque cumple en sí la misión de toda pedagogía: ser acompañante (caminar con el niño), guiar, orientar, proponer…

Pero Teresa, antes que ser maestra es aprendiz, y ha tomado por maestro a Jesucristo. Tersa de Jesús encarnó de manera particular el misterio de la oración prolongada, silenciosa y frecuente de Cristo en la soledad y del consejo evangélico de la oración silenciosa en la habitación propia (cf. Mt 6,6).

Que así lo hacía él siempre que oraba, y no por su necesidad, sino por nuestro enseñamiento (C 24,4).

Para comprender el misterio de la oración cristiana será necesario encarnar con la experiencia de Teresa, quien nos ha desvelado los secretos, el dinamismo, los contenidos cristológicos y trinitarios, las exigencias de vida, los criterios de discernimiento y la pedagogía concreta de la oración evangélica. Una oración empalmada con la misma raíz del evangelio que es la caridad teologal, basada en el misterio de la presencia de Dios en nosotros, de su amor inicial y constante, de su apertura a la amistad y a la comunión de vida. No es difícil relacionar el concepto de oración teresiana con el de amor-amistad, gozne del evangelio, y la relación con Dios con una respuesta de amor. Del Dios Amor de la revelación bíblica, Teresa ha captado la concreción: Dios nos es amigo (cf. V 8,5).[1]

Con todo esto podemos descubrir el camino que ha recorrido Teresa hasta ofrecernos lo que hoy conocemos, disfrutamos y aprovechamos de ella: 

  1. Parte de una experiencia sufrida y totalitaria del fenómeno de la oración.
  2. Se expresa en una doctrina cualificada y coherente manifestada en todos sus libros.
  3. Desemboca en una pedagogía práctica y simple sobre el modo de orar (cf. Castellano, p. 176).

Hacer una relectura de la oración teresiana nos ayudará a comprender por qué es una pedagogía y qué objetivo persigue como tal, sabiendo que su punto de arranque es también su propia meta. Dicha pedagogía está orientada al encuentro contemplativo con Cristo, en aquella forma original que ella misma llama recogimiento y que, en nuestra opinión, constituye el método teresiano de oración por excelencia.[2]

Un elemento fundamental, que debemos tomar en cuenta, es que la experiencia de oración de la santa no se agota en el encuentro contemplativo con Cristo, sino que va más allá, convirtiéndose así en una verdadera experiencia teologal, completa y plena. ¿A qué nos referimos?: es una oración que tiende al encuentro interpersonal, a la comunicación con Cristo y por Él con el Padre en el Espíritu, a la relación de amor (filial, fraterno, amistoso, esponsal), que supone siempre aquel Otro que nos precede en el amor […] La oración teresiana, su recogimiento y su contemplación son absolutamente de tipo cristológico y trinitario[3]

Teresa sabe que llegar a ese encuentro contemplativo no es cosa fácil, lo sabe por experiencia propia, y que allí no se llega de inmediato, sin más. Hay que recorrer un camino arduo, a veces complicado y retador, pero seguro. 

Teresa nos habla orando y nos enseña orando; toda su vida fue un camino de oración, un estar y vivir orando.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.


[1] Id. p. 176.

[2] Id. p. 177.

[3] Ibidem.

Un comentario

  1. Teresa y Juan de la cruz acompañaron mi despertar vocacional desde el lenguaje de la poesía…
    Ellos dos son grandes compañeros de camino… maestros que el Maestro puso en mi camino de encuentro con él y que en cada etapa redescubro…
    Gracias…

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