VIERNES 9

Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras (v. 19)

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mt 11, 16-19

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’. Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ése es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”.

Palabra del Señor.

Ni bailamos ni lloramos

La sabiduría de Dios -dice Mateo- se justifica a sí misma por sus obras (v. 19), es decir, por lo que él hace a favor de los hombres, particularmente por medio de Jesús. Curar, liberar, compartir, acoger, servir, amar, perdonar…, son concretamente las obras que Jesús pone ante nosotros para descubrir, en ellas, la voluntad de su Padre.

No es una sabiduría que se deba razonar, sino acogerla con sencillez, como un niño, y experimentarla en lo más profundo del corazón. Pero, a veces, nos ofuscamos con el miedo a cometer un “acto inmoral”, o nos quedamos atados a las fobias y apatías con las que protegemos nuestra integridad; sobre todo, cuando el Señor nos invita a bailar o llorar, a tomar postura: ser amigos de publicanos y gente de mal vivir (v. 19).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.