VIERNES 7

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

El 7 de octubre de 1571, el Occidente fue salvado de la amenaza turca, mediante la victoria de los cristianos en la batalla de Lepanto. Dicha victoria se atribuyó al rezo del rosario. Este hecho histórico se nos ha convertido ya en algo remoto. La Iglesia nos invita a redescubrir en el rosario el sitio que ocupa la santísima Virgen en el misterio de la salvación y a saludar a la Madre de Dios con el saludo del ángel: ¡Alégrate María!

Reinos divididos

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas

Lc 11,15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.

Palabra del Señor.

Reinos divididos

Lucas nos presenta tres imágenes que reflejan la condición de la interioridad humana: los conflictos internos, el exceso de confianza en las propias fuerzas y la falta de constancia para mantenernos firmes en los logros alcanzados.

El mal no cede, y si no fortalecemos nuestra voluntad, ni definimos nuestras decisiones, o tampoco tenemos clara nuestra opción por Jesús, cuando arremeta con su fuerza, nos vencerá.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama (v. 23)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.