Evangelio según Lucas: 5,12-16
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”.
Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.
Palabra del Señor.

Orar (v. 16)
Curar, sanar, enseñar y ser escuchado…, es la incansable y generosa actividad de Jesús; nadie queda sin respuesta y para todos hay un gesto de confianza: Quiero… (v. 13). A esto mismo nos envía, con una enseñanza fundamental:
Orar en lugares solitarios (v. 16), para luego seguir trabajando.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
