VIERNES 5

¡El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos…! (v. 38)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5, 33-39)

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: «¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?»

Jesús les contestó: «¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’ «.

Palabra del Señor.

El diálogo y la confrontación de Jesús con las autoridades judías, bien podría ser, hoy, una situación parecida con algunos de nosotros, sobre todo cuando nuestra vida de fe se desenvuelve sobre el terreno de lo seguro; es decir, sujeta a costumbres y tradiciones que no cuestionamos, que a veces no comprendemos, o que ni siquiera intentamos discernir para vivirlas con mayor sentido y profundidad.

Ayunamos porque toca ayunar, o cuando es necesario reorientar lo que creemos e, incluso, renovarlo, nos entrampamos en justificaciones doctrinales, inciertas e inadecuadas, que, a la larga, resulta perjudiciales, o contradictorias.

¡El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos…! (v. 38)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.