VIERNES 4

SAN FRANCISCO DE ASÍS (1182-1226)

El que los escucha a ustedes, a mí me escucha (v. 16)

Desde el día en que encontró al Señor en San Damián, hasta el día en que murió en la Porciúncula, a lo largo de su vida de peregrino con sus hermanos, los Frailes Menores, aquel “poverello” de Asís redujo literalmente su vida a seguir a Jesús con alegría, sencillez, fidelidad a la Iglesia y ternura para todos (tomado del Misal octubre, Buena Prensa).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 13-16)

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo».

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: «El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado»
.

Palabra del Señor.

Celebramos y recordamos a Francisco de Asís, el poverello, el pequeño hermano de todos, el servidor y, por eso mismo, el más grande en el Reino de los cielos (cf. Mt 18,4).

En él se encarna, justo, el ideal del evangelio: quien lo escucha, lo ve y lo conoce, escucha, ve y conoce a Jesús (cf. v. 16). El evangelio fue su forma y regla de vida.

¿Cuál es nuestra regla de vida?

Quien nos escucha a nosotros, ¿escucha a Jesús?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.