
Lectura de la Carta a los Hebreos
Heb 13, 1-8
Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se olviden de practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado ángeles sin saberlo. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.
Que todos tengan gran respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal irreprochable, porque a los que cometen fornicación y adulterio, Dios los habrá de juzgar.
Que no haya entre ustedes avidez de riquezas, sino que cada quien se contente con lo que tiene. Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto, nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por qué les he de tener miedo a los hombres?
Acuérdense de sus pastores, que les predicaron la palabra de Dios. Consideren cómo terminaron su vida e imiten su fe. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.
Palabra de Dios.
Nunca te dejaré
Amor fraterno y hospitalidad (vv. 1-2), dos cualidades que afloran del evangelio y distinguen, con claridad, a los seguidores del Señor. Fraternidad y acogida que se traducen en acciones concretas: acordarse de los presos, de los maltratados, de los que predican la palabra, respetar la vida conyugal… Pero sobre todo, resaltando la caridad y la empatía, como si nosotros mismos fuésemos encarcelados y maltratados, tomando en cuenta un principio irrefutable: tenemos un cuerpo que puede sufrir (v. 3).
Por otro lado, la confianza en Dios, pone en segundo término la avidez de riqueza (v. 5), para amar y esperar con libertad.
Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto, nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por qué les he de tener miedo a los hombres? (vv. 5-6)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
