VIERNES 27

  • Mt 25,1-13

¡Ya viene el esposo!

Una lámpara encendida asegura luz en la oscuridad y claridad ante la llegada del Señor, que se manifiesta en la realidad y los acontecimientos de la vida. Pero la lámpara no subsiste por sí misma, hay que alimentarla oportunamente con aceite, para que la luz no se extinga.

Del mismo modo la vida que se nutre con la Palabra, siempre tendrá luz. Pero tendrá que ser alimentada con la esperanza, la fidelidad y la prontitud ante el llamado del Señor.

Quien esté preparado, entrará con el Señor a celebrar la boda (cf. v. 10).

Por eso ¡estén vigilantes, porque no saben el día ni la hora! (v. 13).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.