Lectura del santo evangelio según san Lucas (12, 54-59)
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?
Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo’’.
Palabra del Señor.
La mirada de Jesús y su apreciación del comportamiento humano son, a todas luces, una descripción clara y precisa de lo que somos hoy como sociedad. Es decir, contamos con información de primera mano, y muy precisa, en torno al ambiente, el clima, los días soleados y nublados, la temperatura ambiental y otros aspectos que, con la ayuda de un dispositivo o con algunos conocimientos básicos, nos permiten saber qué sucederá durante el día y la posibilidad de tomar decisiones pertinentes para sembrar y preparar la tierra; para viajar, salir de casa, ir a trabajar u organizar un paseo.
Pero eso no es suficiente para la vida y por eso mismo, también a nosotros, nos interpela: ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del presente? (v. 56).
Los signos del presente son los signos de los tiempos. Suceden tantas cosas a nuestro alrededor que, seguramente, nos impactan, nos asombran y nos asustan: violencia, pobreza, corrupción, injusticias, desempleo, migración…
Son signos que nos hablan de problemáticas sociales complejas, respecto de los cuales opinamos o, en el mejor de los casos, tomamos posturas partidistas o de indiferencia; nos conformamos con lo que otros nos dicen y no vamos más allá de los sesgos oficialistas o coyunturales.
El reclamo de Jesús es contundente: ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que conviene hacer ahora? (v. 56).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

