VIERNES 23

Tus ojos son la luz de tu cuerpo… (v. 22)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,19-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”

Palabra del Señor.

¿Qué luz ilumina tu corazón?

Hay una luz interior que guía nuestros pasos y que ilumina, desde dentro, palabras y acciones. Pero esa luz necesita ser alimentada, desde fuera, con una mirada atenta a la realidad, que la perciba generosa y la mire con una bondad transformadora.

Es la mirada de unos ojos sanos (v. 22) que no se enajenan con el morbo, el juicio inquisitorial, o la crítica destructiva; ojos que se asombran ante la belleza de los seres y la perfección imperceptible a una mirada cegada por la maldad. Ojos que descubren la necesidad del hermano, que ven su dolor y llora con su tristeza.

Ojos llenos de luz, que iluminan dentro y fuera, que traslucen la confianza necesaria para no decaer y despiertan la esperanza cuando se descubre en ellos el horizonte infinito del amor.

Que en tu corazón siempre haya luz y no oscuridad.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.