VIERNES 22

He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear? (v. 32)

Lectura del santo evangelio según san Juan (10, 31-42)

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”

Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.

Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor.

Tal vez el evangelio, en un primer plano, no representa ninguna dificultad para nosotros, puesto que aceptamos y creemos que Jesús, en la comunión trinitaria, es Dios y que es, además, el enviado del Padre a salvar al mundo.

El problema surge cuando no somos capaces, o nos resistimos, a ver en el hermano la presencia del Señor; no tanto por lo que haga (obras), sino por lo que representa cuando su voz, sus denuncias, o su miseria, nos interpelan y exigen de nosotros renuncias, cambios en la forma de pensar, conversión de corazón, tomas de postura y opciones radicales y definitivas.

Y, tal vez por eso, sea más fácil apedrearlo que aceptarlo.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.