VIERNES 2

¿A caso no es éste el hijo del carpintero? (v. 55)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13, 54-58)

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?» Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: «Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa». Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.

Palabra del Señor.

Cuántas preguntas nos habremos hecho respecto de nuestros obispos y párrocos, de su compromiso con la comunidad y de su presencia incondicional; de teólogos y profesores que nos ofrecen claridad en la fe y nos hablan de las novedades del Espíritu. A veces dudamos de ellos, de sus intenciones y su forma de pensar. También dudamos de algunos amigos y familiares, que intentan ayudarnos a ver la realidad de manera distinta, o tratan de acompañarnos en medio de los problemas.

La autosuficiencia nos lleva a dudar y a desconfiar de los demás y, así, nos negamos a creer en ellos y, sin darnos cuenta tal vez, también nos resistimos a creer en el Señor (cf. v. 57).

¿Cuáles son las consecuencias? Que el milagro de la confianza, de la bondad, de la gratuidad, de la alegría, del agradecimiento, de la generosidad, del respeto, de la hermandad y de la libertad, no se pueda llevar a cabo entre nosotros por nuestra incredulidad (cf. v. 58).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.